martes, 8 de marzo de 2011

Centenario de Cantinflas

Por Jaime Perales Contreras


¡Ahi esta el detalle señor juez!,
que no es ni lo uno, ni lo otro,
sino todo lo contrario.

Cantinflas. Ahí está el detalle (1940).




En este 2011 se celebran los cien años del nacimiento de Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas. El cómico perteneció a una generación brillante de humoristas de la época de oro del cine mexicano (1935-1959). Entre ellos se encuentra Germán Valdez Tin-Tan --y su carnal Marcelo Chávez--, Adalberto Martínez Resortes, Antonio Espino Clavillazo, el dueto de Manolín y Shilinsky y, por supuesto, la genial actriz cómica Fanny Kaufmann Vitola. Sin embargo, Cantinflas sobresalió de todos ellos con su innovadora forma de expresión verbal y su particular manera de vestir.

Desde muy joven, Cantinflas empezó su carrera en las tradicionales carpas y teatros de revista en México. De acuerdo al escritor Carlos Monsiváis, el origen del nombre, se da precisamente, en la carpa Ofelia, en donde, el célebre comediante, en una de las funciones, olvida su monólogo y, frente a un público atento, y, no necesariamente muy amigable, empezó a improvisar su brillante emancipación de palabras que lo hizo famoso. El público, muerto de risa, empezó a gritarle: ¡Cuanto inflas! (¡que es lo que tomas!), otras versiones dicen, que le gritaron: En la ¡cantina inflas! (¡en la cantina bebes!). Simplemente, el cómico unió las palabras y así nació este particular manipulador del caos llamado Cantinflas.

Cantinflas, en la época de los treinta, en el cine, empezó a hacer pareja cómica con el autor ruso-mexicano, Estanislao Shilinsky, en una serie de sketches. Los productores, al ver el potencial del actor, al poco tiempo, empezaron a filmar una serie de largometrajes con Cantinflas como personaje principal. El primero se llamó No te engañes corazón (1936). Sin embargo, la película recibió poca atención. No fue sino con la película Ahí está el detalle (1940), la que lo lanzó al estrellato. En esa época, conoció al productor de cine y coleccionista de arte Jacques Gelman, quien produjo todas sus películas En esos años fue cuando también el cómico empezó a generar su millonaria fortuna al firmar un contrato con la Columbia Pictures, que fue la productora norteamericana que se encargó de distribuir sus películas en Estados Unidos. Cantinflas, después de un éxito abrumador en cine, regresó por un tiempo al escenario al protagonizar una obra titulada Yo, Colón, (1953). En la obra, el cómico representa a la estatua de Cristóbal Colón, que se encuentra en el Paseo de la Reforma en México, quien cobra vida y se enfrenta a las particularidades del México moderno. Diego Rivera pintó un mural en 1953, en la fachada del teatro mexicano de Los insurgentes, cuando se estrenó la obra en dicho teatro. El mural se llamó La historia del teatro y en éste destaca la figura de Cantinflas en el centro.
Tres años después, Cantinflas se dio a conocer en lengua inglesa, cuando actuó como co-estelar para la película La vuelta al mundo en ochenta días (1956), basada en la novela del francés Julio Verne. La película fue un éxito de taquilla y Cantinflas recibió un Globo de oro y fue, además, invitado a formar parte del Paseo de la fama en Los Ángeles. Más tarde, hizo su segundo filme en inglés llamado Pepe (1960) en donde aparecieron varias luminarias de Hollywood quienes compartieron la pantalla con el actor mexicano como Frank Sinatra, Judy Garland, Bing Crosby y Dean Martin, entre muchos otros. La película, desafortunadamente, fue un fracaso. Su particular humorismo no fue entendido por la audiencia norteamericana y la película fue duramente criticada. Sin embargo, en México, su éxito continuó y actuó casi ininterrumpidamente de 1957, con El bolero de Raquel, hasta 1981, con El barrendero que fue su última película.

Asimismo, durante la década de los setenta, se realizó un programa de dibujos animados titulado El show de Cantinflas, en el que cómico mismo doblaba la voz de su alter-ego en caricaturas.

Cantinflas supo, asimismo, fomentar el interés de los artistas e intelectuales. Ya se comentó que Diego Rivera le dedicó uno sus murales. Tuvo, además, una incidental amistad con el poeta y cronista mexicano Salvador Novo, quien escribió el guión de la película, El signo de la muerte (1939), protagonizada por el propio Cantinflas. Algo poco conocido es que el escritor Octavio Paz en su juventud tuvo dudas vocacionales si ingresar al servicio diplomático o dedicarse al cine como guionista. Ese súbito interés por el cine, como manera de ganarse la vida, lo tuvo, precisamente, al ver una película de Cantinflas, como se lo confesó a su primera esposa, la novelista Elena Garro.
Los norteamericanos han comparado a Cantinflas con Groucho Marx, los franceses con Fernandel y los latinoamericanos lo han llamado el Chaplin mexicano.

Al celebrarse sus cien años, los herederos de Cantinflas han anunciado que, entre otras actividades, lanzarán al mercado un tequila conmemorativo, mercancía con su efigie, un videojuego y la realización de un programa de dibujos animados.

Mario Moreno Cantinflas nació el 12 de agosto de 1911 y murió el 20 de abril de 1993 de un cáncer de pulmón. La Real Academia Española adoptó el término cantinflear en su diccionario en 1992.

¡Celebremos a Cantinflas brindando con una taza de café!, y respondamos como él lo hizo en uno de sus filmes: ¿Cómo quiere su café con coñac o sin coñac?, le pregunta la actriz, y Cantinflas, seguro de él mismo, le contesta: Sin café, por favor, señorita.

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